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Fórmulas

Sunday, October 10, 2010

Cada uno es cada uno y cada cual es cada cual, como diría un gallego amigo, y "hay cada uno más de cuatro", como decía Catita, la gran creación de Niní Marshall. Pero uno se sigue preguntando: ¿qué nos quieren decir realmente esos "más de cuatro" cuando los atendemos por teléfono recién salidos de los brazos de Morfeo, dios del sueño, y lo primero que les escuchamos es al así: "¡Qué voz, che!" "¿Estás afónico?" "¿Te sentís bien?" "¡Cuidate que hace frío!" ¡Y uno sólo ha dicho "hola"! ¿No se dan cuenta de que estamos despertándonos y que a nadie le gusta que le pregunten tonterías a horas tan tempranas? ¿Por qué no esperan a que uno sea el que les comente el estado de salud? ¿Por qué se adelantan con el agorero anuncio de una posible enfermedad que, aunque se trate de un simple resfrío, no es el tema más agradable? ¿Por qué esa advertencia tan de moda de decir "cuidate"? Es una traducción del inglés que tanto se dice en películas norteamericanas, fórmulas que aquí se usaban sólo en casos concretos de conductas insalubres, como pueden ser el tabaquismo, el exceso de alcohol o la glotonería, que sí justificaban el "cuidate". Ahora se aplica indiscriminadamente, como broche de oro de cualquier conversación; por ejemplo, después de los saludos de rigor: "Chau, hasta luego, nos encontramos a las seis en la puerta del cine. ¡Cuidate!" ¿De qué?, ¿de quién?, ¿de un auto o un colectivo al cruzar la calle?, ¿de un motochorro que acierte a pasar por el lugar?, ¿del boletero? ¡Vaya uno a saber! ¡Cuidate! Las fórmulas han sido siempre eso, pura formalidad y corrección superficial. ¿Quién cree, por ejemplo, que cuando alguien dice "perdoname por lo que te voy a decir" está pidiendo realmente disculpas? ¡Nadie! ¿Qué quieren expresar cuando anuncian: "Te voy a hacer una crítica constructiva"? ¡Te voy a destruir gentilmente! ¡Eso quieren decir! Los norteamericanos también usan el "¿en qué puedo ayudarlo?", fórmula sin duda mucho más amable que nuestro, "¿qué desea?" o, peor aún, "¿qué quiere?". Pero en nuestro contexto cultural, al menos, ¿alguien querrá ayudarnos de verdad o simplemente vendernos algo lo más rápido posible y al precio que le convenga? ¡Difícil respuesta!

Cuando alguien que quiere hacer algo y ya lo tiene decidido, dice los consabidos: "¿No te importa?" o "Si no te es molesto..." ¡Sí, me importa! ¡sí me molesta! Sería lo que muchas veces brotaría de nuestro corazón, pero nuestra boca mentirosa y cobarde solo dirá: "Por favor, no es ninguna molestia". Y hablando de molestias, ¿alguien debe creer en la sinceridad de los carteles que "engalanan" las roturas de calles, unas veces por el gas, otras por la luz, otras por las cloacas y otras por joder nomás? "Disculpen por las molestias. Estamos trabajando para usted", es lo último que uno lee antes de la caída al tropezar con un tablón mal puesto, trastabillar entre cascotes o patinar en areniscas polvorientas, hasta yacer en la maldita vereda porteña o del conurbano.

¡Cuántos "te quiero" falsos! ¡cuántos "yo no los voté" truchos! ¡Cuántos "Dios no lo permita"! ¡Cuántos "pero si sos como de la familia"!, o "estás en tu casa", o "hacé de cuenta que no te dije nada", o "yo tengo códigos", o "hacé de cuenta que soy una tumba, lo que me contaste no sale de aquí y aquí se queda, andá tranquilo"...

Mezcla rara de costumbre e hipocresía, de buena educación de la boca para afuera y de cobardía con mentira, la fórmula de la frase hecha es, sin embargo, la manera de comunicarnos (o incomunicarnos) más común y corriente. No se puede decir siempre lo que se siente, así nomás y sin reflexionar, pero de tanto mentir nuestra vida puede convertirse en una virtualidad peligrosa. Cada época tiene sus lugares comunes, pero yo prefiero, como buen vejete, aquellas de mi infancia como la de encabezar las cartas de vacaciones con "desde estas hermosas playas".

Enrique Pinti

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