RSS

Un corte y volvemos

Sunday, July 5, 2009

Vivimos en una gran vidriera. Los medios de comunicación se han centiplicado y el mundo se ha convertido en aldea global donde todo se sabe, se difunde, se consume y se olvida con la velocidad del rayo.

La televisión, que ya es veterana y que en pocos años más será centenaria, sigue siendo el espejo de todo lo que ocurre y la usina donde se recrea lo que pasa, se lo refuerza, se lo edita y se lo devuelve a la sociedad en formatos que van desde lo excelso a lo abominable, de lo verdadero a lo falso y de lo exquisito a lo repugnante. Todo está ahí, al alcance de nuestra mano pulsando el control remoto que funciona como una ruleta rusa. De pronto vemos a un político mintiendo, a un bailarín ejecutando una mágica pirueta, una vieja película que nos lleva al fabuloso tiempo feliz de nuestra mejor juventud, una guerra sangrienta y feroz en un lugar lejano, un acto de violencia a pocas cuadras de nuestra casa, una receta de cocina, un sofá-porno, una lección de historia ficcionada, geniales actores, insoportables tandas publicitarias, algún aviso realmente genial, animales salvajes, asesinos seriales, modelos anoréxicos, vedettes abundantes, campeones mundiales, copas, carreras de autos, de caballos, de soñadores bailando, concursos de talentos, de belleza o de estupidez, fútbol al por mayor, tenis y hockey, básquet, natación y patinaje artístico con caídas de traste incluidas, atentados terroristas, coronaciones, entierros, bodas famosas, Oscars y Goyas, Conchas de Oro y Cóndores de Plata, algún Martín Fierro, chimentos, divorcios, peleas, golpes, patadas, empujones, barras bravas, violadores, multitudes contra la guerra, a favor de la guerra, ambientalistas que anuncian el Apocalipsis, cámaras ocultas que muestran desde complots políticos a estafas y chantadas pasando por falsos médicos, hechiceros, manosantas y actos sexuales de famosos o infames, según como usted quiera calificarlos. Es tanta y tan variada la exposición que el público, otrora pasivo consumidor de todo lo que los medios le ofrecía, ha optado en los últimos años por querer ser también protagonista y, así, si una jovencita deja de ser anónima y asciende al plano estelar como "artista" brillando en las marquesinas de las comedias y revistas populares haciendo circular un video casero de sus acrobacias sexuales con algún noviecito, incluyendo ejercicios bucales que dejan a la Cicciolina y a Monica Lewinsky a la altura de aficionadas en el arte amatorio (si quiere agregue una eme al comienzo de la última palabra mencionada y entenderá mejor el significado intrínseco), ¿por qué otra chica de cualquier clase, barrio y/o provincia no se sentirá tentada a imitar a la estrellita escandalosa? ¿Por qué perderse el vértigo de hacer lo que hacen los famosos aunque uno sea un ignoto? Todos, celular mediante, podemos ser célebres, y ya no alcanza el video de tu fiesta de quince, o tu casamiento o las deliciosas filmaciones del nene y la nena jugando en el jardín con el cachorro golden. ¡No! Ahora podemos tener en nuestro canal privado a otros cachorros golden (del boliche Golden, digo) haciendo audaces strip-teases en fiestas quinceañeras y cualquier tipo de "nena" que quiera mostrarnos sus nuevas lolas, regalo de sus padres en lugar de un viaje de egresados. Y así las apuestas se redoblan y la ficción imita a la vida y la vida supera a la ficción por varios cuerpos. Uno cree que ya ha visto todo pero, de pronto, reaparece en la televisión Lorena Bobbitt, aquella que seccionó el pene de su marido donjuanesco, mujeriego y pegador. Harta de infidelidades, Lorena cortó por lo sano (y nunca mejor dicho). El hombre le hizo juicio, pero ella zafó; él se hizo un implante para no pasar papelones, se hizo actor porno sin mucho éxito -pues parece que no era muy expresivo y no llegaba a los climas eróticos con el suficiente entusiasmo- y ambos desaparecieron de la vidriera mediática. El síndrome de abstinencia los volvió locos y no pudieron resistir la tentación de volver: ella, teñida de rubia, retocada con cirugía y con tono mesurado, hablando en correctísimo español, deslizando cierta dosis de tolerancia y buena voluntad hacia su ex marido, admitiendo que quizás ella había sido demasiado drástica y cortante (nunca mejor dicho) con su ex, al que no perdonaba pero en cierta manera compadecía. El no tardó en aparecer también muy cambiado físicamente y tirando buena onda hacia su justiciera ex esposa y, claro, tenía que completarse la ecuación con un encuentro de los dos en la tele -¿dónde si no?- Patético, pero real, la muerte de la sensibilidad y el sentido común en directo. ¡Un corte y volvieron!

Por Enrique Pinti

0 comentarios:

Total Pageviews

Blog Archive

Entidad

  © Blogger template Newspaper

Back to TOP